Mi prima Lupe

 

Por mi forma de ser sería yo la última en juzgar la forma de ser de otra mujer, pero por lo mismo quiero que comprendan que cuando digo que Lupe es toda una puta, es porque no hay margen para ser subjetivos. A mi prima la trato desde pequeñas, siempre hemos sido muy unidas y cómplices en muchas travesuras, por decir lo menos claro está. Ella es un año menor que yo, pero me lleva mucho camino la condenada. la quiero y en gran medida, mi carácter es lo que es y La Profesora Peach existe, gracias a ella. Me encanta su forma de ser y nunca acabaría de contar las mil anécdotas que tengo de Lupe. Para empezar, siempre cambio los nombres de las personas, en este caso como el 60 % de mis conocidas se llaman Guadalupe ... algo, puedo garantizar que el nombre y todo lo que confesaré es totalmente real. Ella es muy bajita, exagerado, parece un juguetito animado, tiene poca bubi cosa en la que yo me destaco bastante, pero se defiende con unas pompas de ensueño, morocha, y con unos enormes ojos muy vivarachos que la hacen ver muy linda.  Actualmente es mama “muy joven” de dos princesas que, si salen iguala ella, harán temblar la tierra.

 

Desde muy chiquillas, ella era siempre la que tomaba la iniciativa en todo, y muchas primeras veces en mi vida, sucedieron gracias a que me deje aconsejar por ella. Por ejemplo, el primer chico que besé fue en una fiesta gracias a que mi prima hizo trampa para que yo perdiera en la botella y por cierto ella termino agasajándose con él al terminar la velada, pero igual lo disfruté; ella me regalo mi primera tanga, casi ni me quedaba de tan flaca que era en aquellos años, y sucedió porque ella ya tenía un novio mucho más grande de edad, al que le encantaba que ella usara esas prendas. Aclaro la mía, aunque se la regaló el novio era nueva, pero me dijo que ya tenía demasiadas y que yo debía empezar a vestir "apropiadamente" jajajajaja, ya se imaginaran su idea de vestir elegante.

 

Con Lupe, tuve mi primera cita doble y con ella me cole por primera vez a un bar sin identificación. Y haciendo memoria creo que por allí voy a comenzar. Yo tenía escasos años la primera vez que me invitó a salir un amigo del novio de mi prima, como yo estaba muy tonta en esos aspectos ella se ofreció a que saliéramos los 4. El muchacho en cuestión era varios años mayor que yo, algo que sin saber se repetiría muchas veces a lo largo de mi vida ; ). Fui a casa de mi prima para arreglarnos juntas, y no entraré en muchos detalles, pero además de maquillarnos y peinarnos, ella se encargó de escoger mi atuendo, el cual me hacía ver mucho mayor y de hecho me sentía un poco incomoda. Yo, que soy chaparrita, le sacaba algo de altura a Lupe y ella acostumbra siempre usar faldas muy cortitas, cuando me puso una de sus minis, a mí me quedaba como cinturón, y sentía que se me salía todo. Ella me pinto y me arreglo el cabello y se encargó de dejarme “lista” según sus estándares muy flexibles de cómo era apropiado que luciera una jovencita de mi edad.

Me convenció de usar una blusita muy holgada y con cierto escote; y aunque estaba yo muy chiquilla, ya tenía que cuidarme de que no se salieran mis meloncitos; el conjunto lo completo con una faldita tableada estúpidamente corta y por supuesto una ropa interior que en esa época me parecía ridículamente diminuta e incómoda. Casi a rastras me obligo a salir cuando los muchachos pasaron por nosotras, mi pareja traía coche y me senté a su lado. Mi prima y su novio de inmediato se apoderaron del asiento de atrás y empezaron a besarse como si en ello se les fuera la vida. Yo venía muy callada y bastante nerviosa, el chico que era mi cita era guapo a secas y muy cortes, pero yo no sabía ni que decir y a todas sus preguntas contestaba con frases cortas y sin chiste.

Obvio la verdadera fiesta estaba atrás. Gustavo, el novio de mi prima, ya le estaba metiendo mano por todos lados y ella feliz de la vida se dejaba hacer y Manuel, que así se llamaba el conductor y quien era mi cita de aquel día, aprovechaba los semáforos y las frecuentes pausas en nuestra conversación para mirar por el retrovisor. Me atreví a voltear en una de esas y era obvio porque Manuelito espiaba tan seguido. Mi prima estaba mostrando obscenamente su ropa interior mientras el buen Gustavo le clavaba los dedos sin recato. Lupe sabía que la estábamos mirando, pero no hizo el menor gesto por cubrirse, al contrario, nos aventaba risas picaras mientras su cara estaba roja como un tomate por las toscas caricias de su novio.

 El viaje al centro comercial se me hizo eterno, pero al fin llegamos. Yo estaba muerta de la vergüenza ajena, misma que mi prima debió tener. Mientras los tortolos se acomodaban la ropa, mi pareja se acomidió a abrirme la puerta del coche, lo cual me pareció muy caballeroso, pero obvio Manuel aprovecho para darse una excelente panorámica de mis braguitas mientras mi corta minifalda me traicionaba al descender del auto. Nota: Hago la aclaración que debido a lo joven y a la falta de costumbre, no sabía bajar de un coche sin mostrar de más; ahora lo sé bien, aunque en muchas ocasiones los upskirts son absolutamente calculados y me deleito con las caras de quienes tratan de disimular y no pueden dejar de verme, en aquellos ayeres, mi inexperiencia era absoluta.

Nos llevaron a un restaurante de cadena que se especializa en cortes de carne Texanos, comimos muy rico y acompañamos la carne y las botanas con unas bebidas que me dijeron eran Te Helado, claro está, yo no tenía idea de qué diablos era un Long Island Tea, pero me pareció muy sabroso y me apure 3 vasos, mientras platicábamos y reíamos. Los nervios se fueron y una cálida alegría me inundo por completo. pasaron unas horas y Lupe le cuchicheo algo al oído del novio, este se dispuso a pagar la cuenta y nos invitó al cine, aceptamos todos y escogimos película. La sala era tipo estadio, ya saben, de esas salas grandes y como se imaginarán, los novios de inmediato se adelantaron a escoger butacas en lo que Manuel y yo íbamos por palomitas y bebidas. Cuando entramos a buscarlos, estaban sentados en la esquina del fondo de la sala, que por cierto no estaba muy concurrida, a final de cuentas era entre semana y no era día feriado. Yo me senté a lado de Lupe, pero ella le hizo la seña de que dejara pasar a Manuel, a mí no me importó porque así me evitaba la pena de verlos besándose toda la función.

Los famosos Tes que me tome, no eran otra cosa que bebidas con fuerte contenido alcohólico y para cuando me acomodé en mi butaca, ya sentía ganas de reírme de cualquier tontería que decían los chicos y tarde en descubrir que estaba medio borracha, para mi fortuna, pensé, la oscuridad del cine escondería un poco mi estado y quizá se me bajaría bebiendo el enorme vaso de refresco que me habían comprado. No habían terminado los comerciales cuando la pareja de novios empezó a hacer travesuras. La mano de Gustavo ya estaba dentro de la blusa de mi prima y esta se retorcía como salamandra en su asiento mientras lo besaba a él con mucha pasión. Yo por rubor me dedique a ver la película que por cierto estaba muy buena. Manuelito comía de mi canasta de palomitas y el muy torpe derramaba la mitad de lo que tomaba, me percate con un poco de enfado que su "torpeza" había hecho que mi ropa pareciera árbol de navidad. El burdo pretexto era ajeno para mí y por ello pensé en su mal gusto cuando comenzó a comerse las palomitas que poco a poco iba recogiendo de mi falda. No tardó en envalentonarse a "reciclar" unas palomitas que me habían caído en el escote, y casualmente se metieron más, cuando vi que su mano iba directo a mis senos, giré mi cabeza para encararlo, pero en lugar de eso mi boca se llenó de golpe con su lengua.

Me espanté y de golpe el efecto de las bebidas se me bajo, pero la verdad me gustaba el tipo y el beso fue más tierno que osado y me gusto la sensación. Muy ruborizado deje que me tocara el pecho y que me besara el cuello, no me sentía excitada para nada, era mucho mi rubor y las mujeres que me lean entenderán la pena que sentía, pero no pude dejar de sentir agrado y placer por la manera tan delicada en la que Manuel me acariciaba. Con los ojos entreabiertos y ya acostumbrada a la penumbra del cine, quise ver si Lupe sabía lo que estaba pasando, pero de repente mi prima ya no estaba. Volví a mirar con los ojos más alerta y cuál fue mi sorpresa, que ella estaba agachada a un costado haciéndole una felación de experta a su novio en pleno cine. Bueno no vi casi nada, pero era obvio por la inconfundible manera en cómo su cabeza se movía y por la estúpida mirada perdida de Gustavo. Yo ya había visto películas con mi prima a escondidas, pero JAMAS había visto eso en vivo. Me dio muchísimo estrés por el miedo a que nos cacharan a los 4, me imagine a mis papas escuchando detalles del personal de seguridad sobre nuestro comportamiento, ya saben cómo entra uno en pánico cuando eres inexperto en ciertas lides.

Ese mismo temor, me hizo apartarme de Manuel y volver a mi silla quietecita y a simular ver la peli que para ese momento yo ya no le veía ni pies ni cabeza. Manuel se sorprendió de entrada y un poco turbado trato de hacer lo mismo, pero soltó una risilla al darse cuenta de lo que hacía Lupita en el asiento de al lado y de inmediato comprendió mi actitud. Disimuló que veía la película de nuevo sin dejar de abrazarme, pero al poco vi de se cruzaba de piernas como para acomodarse y tener una mejor vista del show, que desde su butaca se veía en primera fila.  Lupe ya estaba casi a gatas en su asiento, chupando de una forma fenomenal, y desde esa perspectiva Manuel y yo le podíamos ver las nalgas que su corta falda apenas le cubrían.

La verdad me di cuenta de ello, porque no sé en qué momento deje de ver la pantalla y me dedique a espiar a la pareja y a ver la cara de Manuel completamente excitado. En ese instante yo sentí que no existía, de tan absorto que aquel muchacho estaba espiando a nuestros acompañantes, no sé cuánto tiempo paso, sé que no fue mucho, pero Gustavo soltó un gemido ahogado y puso un rictus como de dolor mientras tensaba todo el cuerpo. Fue la primera vez que vi el orgasmo de un hombre en vivo y la verdad me dio mucha vergüenza, pero mucha más curiosidad.

La loca de mi prima se incorporó y me volteó a ver con una sonrisa de lo más cínica, su boca brillaba con la luz de la pantalla denotando que algún residuo del néctar de su novio había quedado entre sus comisuras y labios; me cerro el ojo y me hizo el ademán para que volteara a ver hacia abajo. Ella estaba totalmente abierta de piernas y su falda a la altura del ombligo, con su mano movía la mano de su novio por debajo de sus bragas; sin decir palabra, era como si me dijera que ahora era el turno de su hombre para hacerla sentir bien a ella. Yo ya con más descaro y curiosidad, me recline al costado para espiar el manoseo, mientras miraba como idiota. Entre tanto, la hábil mano de Manuel ya se había apoderado de mis nalgas; para cuando me percaté, el gallardo caballero que me acompañaba, ya se daba mañas para separar mis rodillas y tratar de hacer lo mismo que Gustavo, pero por miedo y pudor las cerré de golpe y mi prima lo notó, pues la muy cabrona, se recargó en los hombros de Manuel solo para poder extender su brazo y jalar con su mano una de mis piernas, con eso bastó para que mi hábil pareja se escabullera hasta llegar a mis pantis. Como dije, ella siempre fue la líder, y mientras la miraba con un odio legítimo, sin razonar mucho me dejé llevar para no pasar por una mojigata e incluso me acomodé echando la cadera al borde de la butaca, para dejar pasar la mano intrusa.  Después de eso, solo cerré mis ojos y me dejé llevar por esas torpes caricias que ávidas de más, luchaban por hacer a un lado la fina tela que las separaba de mi cavidad en ese momento aún inmaculada (por lo menos por una mano ajena).

No tardé en sentir la recompensa de aquel atrevimiento, y yo misma me giré para atrapar la cara de Manuel con un hondo beso; aún puedo recordar el sabor de su saliva. Con su mano libre, Manuel me apartó mi brazo de su cuello y bajo mi mano hasta su pantalón, para ese momento yo estaba roja como una manzana de lo caliente que me habían puesto sus dedos y por encima de su mezclilla comencé a frotar mi mano, con la ilusión de devolverle un poco de lo que yo estaba recibiendo. La verdad fui muy torpe, pero me encendía de sentir la dureza que luchaba por salir. Yo me sentía empapada, aunque algo irritada ya, por la brusquedad del manoseo y no atinaba a dar con en bendito cierre.

Lupe (siempre la caritativa Lupe), mientras recibía las caricias de su novio se "acomidió a ayudarme y le desabrocho el pantalón a Manuel, bueno, era tanta su buena voluntad que fue ella quien se encargó de liberar el pene que yo buscaba frenética, y acerco mi mano hacia el camino correcto. No sé cómo Gustavo lo permitió, pero era obvio que se dio cuenta.  Agarre con mucha firmeza ese trozo de carne y comencé a subir y bajar mi mano para entregarle algo de consuelo. Así pase una eternidad, mi brazo se cansó y aunque Manuel estaba muy excitado, no logre completar mi meta. El me tomo por la cabeza y se me quedó mirando. Era obvio que quería que mi boca lograra lo que mi mano no atino a hacer, pero la verdad no me atreví. Además, ya me dolía la entrepierna de tanta manoseada y le bese la boca mientras le susurraba que paráramos por favor.

Un poco frustrado pero muy educado, aceptó y me sentí como una mocosa estúpida. Mientras Manuel se disponía a subirse el cierre, la mano de mi prima lo detuvo. Ella no iba a dejar que el honor de la familia quedara en riesgo. con su mano derecha comenzó a masturbar a Manuel, mientras con la izquierda la muy puta le tallaba el miembro a su novio. Los celos eran algo que obviamente no existía entre esos dos, por que hasta se atrevieron a chocar las manos mientras Lupe se concentraba por no perder el ritmo con ningún brazo. No sé si fue su "técnica" o lo promiscua de la situación, pero en menos de dos minutos yo veía atónita como escurría semen del pene de Manuel, embarrándole toda la mano a mi prima.

La escena no podía terminar así, Lupe se levantó de su asiento con toda la ropa descompuesta, como si estuviera en su casa y se me acerco, por cortesía acerque mi oído para ver que me quería decir, NADA ... solo se acercó para embarrarme el semen de MANUEL en la cara y volvió a su asiento a continuar deleitando a su novio. Yo me quedé paralizada, no era asco, era incredulidad y vergüenza. No quería que Manuel me viera así, pero obvio no le importo y en cambio se dedicó a limpiar delicadamente mi carita con su lengua y me beso largamente hasta que ese amargo sabor se perdió en mi garganta. No me atreví a hacer sexo oral en esa ocasión, pero definitivamente fue la primera vez que tragué semen y reto a alguien para que me diga una experiencia más rara.

Cuando la película terminó, los cuatro éramos un desastre, los chicos traían los pantalones totalmente manchados y nosotras dos estábamos despeinadas, con el maquillaje muy embarrado y la ropa hecha una desgracia. Nos apresuramos a los baños y mientras aproveche para que ya a solas pudiera echarle en cara a mi prima todas sus desgraciadeces. Lupe a las risas me decía que no fuera pendeja, - ¿que acaso no lo había disfrutado? - y que, si el buen Manuel se esperó en ser delicado, lo mínimo que pude haber hecho fue haberme tragado ese regalito. Ya no discutí más, ¡con ella no se podía! por otra parte algo de razón tenía ¿verdad? Camino a la salida de los baños, me contó que conoció a Manuel en una fiesta que la llevó Gustavo, que eran muy amigos y que se contaban (y compartían todo) y que al final de la fiesta termino besándose con ambos y que se la pasaron muy bien. Por eso, después de cerciorarse lo dulce y tierno que era, decidió presentármelo a mí, para que no me tocara un patán. Vamos, con esa explicación Lupe esperaba que le prendiera una veladora por lo caritativa que resultó ser (sarcasmo obvio).

Salimos y ambos charlaban a las risas mientras fumaban. De camino a casa, cambiamos de lugares y Gustavo manejó para que Manuel se diera gusto besándome en el trayecto.  Después de todo lo ocurrido, y ya arriba del coche, la verdad mis nervios se fueron al carajo y me deje hacer todo lo que el muchachote quiso. No pasó de un tremendo faje, pero la verdad ya no había recato en mí, Manuel ya me había corrido el brasier y mis no tan pequeños meloncitos estaban expuestos a su boca, mientras sus manos me recorrían las nalgas y se metían hasta donde querían y por donde les quedaba más cerca. En ese trayecto pude cerciorarme de que ahora era Gustavo el que nos espiaba desde el retrovisor, lo caché varias veces y la verdad el saberme contemplada me calentó muchísimo más. No se lo demostré a Manuel, pero antes de llegar a nuestro destino, acabe 2 veces en sus manos. Nos despedimos en la puerta de la casa como si nada hubiera pasado, pero esa noche mientras me bañaba, mi mano lo recordó con mucha felicidad.

¿Quieren que les cuente más sobre mi prima Lupe?

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